«Cuanto más lejos vayas, menos vas a aprender» es la aportación del Tao Te King de Lao Tse que Daniel Martín escoge para abrir su Laozí y Tse. Más allá del juego de palabras entre el propio título de la obra y el autor de esta cita primera, hay coherencia con lo que el libro transmite porque es un trabajo enraizado a esta tierra, a lo cercano, para hablar de lo trascendente, de lo que es de todas partes. Sobre la idea de que no es necesario otro camino que el que conduce a uno mismo, parece Laozí y Tse hacerse cargo de lo que es verdaderamente importante de cuidar las raíces: tenerlas fuertes nos permite mirar alto.
Las páginas de libro se cuentan por los pasos andados por el dragón Laozí, de cuerpo grande y alas pequeñas, y por la mariposa Tse, de cuerpo pequeño y alas grandes. En los capítulos, nos podemos encontrar referentes que reconocemos cercanos (las Cumbres, el potaje de lentejas, el madroño, el lagarto, el pinzón, el cernícalo, la tabaiba) en convivencia con los haikus que cierran cada uno de ellos y que podían haber nacido en cualquier lugar: «La honda raíz / alza los brazos que / cuidan de ella» (p. 38) o «Me fundo como / el hielo en la roca, / y hallo nombre» (p. 30). Este contexto con elementos de la flora y de la fauna canarias acoge también al río que corre y a una Montaña Helada, como si fuera importante el mensaje de que esta tierra tiene el ánimo de acomodarlo todo.
En el marco de este escenario, se relata un viaje de dos personajes que apenas se mueven del sitio físico, pero que, sin embargo, recorren un importante camino personal cuya cima es soltar el miedo para vivir vidas plenas.
Al pensar en una aproximación didáctica a la obra, creemos coherente por su propia naturaleza no dirigirla a una edad concreta, ni tan siquiera a un espacio escolar específico. El propio Daniel Martín nos indicó que él mismo la había trabajado con 1.º de Primaria y con personas adultas de ochenta años. Se descubre fácilmente que es un ejercicio literario para todos los públicos. Ante esta versatilidad, escogemos que la propuesta se sustente en tres elementos: la lectura en voz alta, la ilustración y la creación.

La lectura en voz alta
En relación con la lectura en voz alta, verán quienes la leen que las páginas son invitación a usar la voz, aunque sea una lectura solitaria. Es como si las palabras quisieran ser también música. Tal vez por ello, la propia editorial Bilenio, en sus recursos para docentes y familias que desean acercarse a Laozí y Tse, ofrece una lista de piezas musicales que incluye, entre otros, a Pachelbel, Mozart, Händel, Vivaldi o Prokofiev, y que también les hace sitio a dos temas compuestos por Daniel Martín: «Lyra» y «La mariposa y el dragón» (https://www.animalec.com/wpanimalec/laozi-y-tse-2/#Playlists). Cada una de estas piezas musicales está vinculada por el propio autor a uno de los catorce capítulos de la obra. Que suenen la música y la voz del maestro o de la maestra.
La ilustración
Con respecto a la ilustración, lo primero que capta la atención de quien tiene el libro en las manos es el póster completo, concebido como un todo por Mónica Hernández, del que se desprenden a lo largo de la obra todas las pequeñas ilustraciones que les dan la mano a los textos. Partir de este intencionado todo para trabajar con varias propuestas en torno a lo visual está en coherencia con la concepción con la que esta ilustración fue creada:

Con esta imagen, poner en marcha las llamadas Estrategias de Pensamiento Visual (VTS por sus siglas en inglés) fomenta las capacidades comunicativas y supone en las aulas una oportunidad para estimular la creatividad y la autonomía de pensamiento. Las preguntas ¿qué está pasando aquí?, ¿qué ves que te hace decir eso? y ¿qué más puedes encontrar? abren la puerta al diálogo, a la reflexión crítica, a aprender a mirar, a escuchar, a pensar la imagen con detenimiento y con atención consciente. El maestro y la maestra generan con esta estrategia un escenario óptimo para que quienes leen Laozí y Tse hagan un proceso de descubrimiento. El aula es aquí un espacio de debate compartido, de libertad de expresión, de escucha en el que se despliega para cada docente su papel de mediación entre, por un lado, los y las estudiantes y, por otro lado, sus lecturas. Cada sesión en la que se utilice VTS es imprevisible y tiene –lo verán al aplicarlo– un potencial enorme para la democratización de la cultura y la validación de cada construcción personal.
La creación
Como tercer elemento de esta propuesta didáctica, quedó mencionada antes la creación. A esta fase llega cada estudiante tras haber escuchado música y voz; tras haber pensado, expresado lo que ve y escuchado lo que otros ven. Es momento de crear y de seguir reflexionando sobre lo que creamos. Así, a partir de la imagen de los personajes Laozí y Tse, diseñar una viñeta en la que cada estudiante pueda reproducir un diálogo entre ellos contribuye a valorar la comprensión lectora y a descubrir qué les ha llegado de todo lo trabajado. Si las consignas que da el o la docente se limitan a lo necesario, se generan en el aula productos variados que dan, a su vez, pie a seguir debatiendo y reflexionando.
Como segunda actividad vinculada a la creación, acudimos al capítulo «El tesoro». En él aparece un niño, Yang, que posee un zurrón con una colección de palabras que guarda en «cajitas sin cerraduras» (p. 47). Fabricar una caja que nos sirva para atesorar también palabras es el comienzo de una rutina de aula abierta a jugar con el lenguaje. A modo de punto de salida, podemos lanzar preguntas como ¿qué tres palabras creen que Tse le regaló a Yang? o ¿qué tres palabras le regalarías tú?, cuyas respuestas se recogen por escrito y se incluyen en la caja. Con esas palabras custodiadas por el grupo, se puede reflexionar para explicar la elección y se puede crear. En la obra, Daniel Martín nos invita por medio de Yang a formar pequeñas historias que comiencen con fórmulas mágicas» como había una vez o hace mucho tiempo ocurrió o cuando las ranas tenían pelos y las gallinas tenían dientes» (p. 47). Nos acercamos a lo literario y generamos literatura.
Con propuestas como estas, la idea es reforzar que el acto de leer es una interacción nada pasiva entre quien lee y el texto. El texto da y quienes lo leemos le damos al texto. La ilustración da y quienes la observamos le damos a la ilustración. No nos limitamos a consumir arte, sino que participamos de las producciones artísticas de nuestra cultura con una especie de activismo en el que pensamos críticamente y nos nutrimos de lo que otras personas piensan.
A modo de conclusión, Laozí y Tse puede verse como una reivindicación de lo canario desde lo universal. La literatura canaria no es solamente la que recoge nuestra modalidad lingüística y la que está llena de elementos de los considerados fuertemente identitarios. La literatura canaria es la escrita por nosotros y por nosotras, y puede mirar hacia donde quienes escriben deseen. Contribuyamos con obras como estas en las aulas de cualquier nivel educativo a que nuestros y nuestras estudiantes puedan también fortalecer sus raíces para que su mirada sea tan amplia y clara como la de Daniel Martín y Mónica Hernández.