Guanche y Cerco de arena: Las dos miradas de Enrique Nácher a las Islas Canarias

Nácher nos plantea diferentes tensiones, como la línea entre lo digno y lo indigno, en relación con el dinero

Francisco Mayor

Profesor de lengua y literatura

Suele ser costumbre que, al leer una obra literaria, uno se entusiasme y empiece a buscar otras creaciones del autor. También que, al querer realizar el más mínimo estudio, uno analice contextos literarios, incluso que esté al tanto de los circuitos de escritores y de publicaciones de cualquier comunidad donde se aprecie su cultura. Pero reconozco que se me hace difícil estar al tanto cuando la aparición de un escritor no se produce por ninguna de estas vías.

Es lo que ocurre con Enrique Nácher, un escritor nacido en Canarias, pero que vivió fuera de las islas, y del que no encontramos muchas referencias salvo raras excepciones que son estudios donde llama la atención la fuerza de su escritura. Además, se da la circunstancia de que era médico traumatólogo, y como tal ejercía su profesión, convirtiéndose la creación literaria en un placer del que no se podía resistir. Llego a esta conclusión después de leer a este autor en dos novelas que ya me resultan ya imprescindibles dentro del marco de la literatura canaria. Se trata de Guanche y Cerco de arena. Además, es el autor de varias obras que, ya alejadas del contexto insular, complementan su figura como escritor.

Enrique Nácher Hernández nació en Moya, Gran Canaria, en 1912. Su padre era un médico valenciano que, por azares del destino, fue destinado a este mismo municipio norteño. Conoció a una mujer grancanaria con la que fundó su familia, y a esa altura del paralelo vivió Enrique hasta los seis años, cuando se trasladó con su familia a Valencia, lugar de origen de su padre, y donde se formó. Estudió Medicina para seguir con la tradición familiar, se especializó en Traumatología, y empezó a escribir en el género narrativo. Su primera vinculación profesional con Canarias, sin embargo, la constituyó el encargo, por parte de Editorial Destino, de una guía informativa de las islas. Guía que, por circunstancias ajenas a la voluntad de todos, no fue publicada, probablemente por la censura de la época. Un trabajo de más de dos mil fotografías, en casi tres meses de estancia en el Archipiélago con este único fin.

Publicó Buhardilla (1950), con el que fue finalista del Premio Nadal, Un poco de tifus. Cuentos de médicos para médicos, relacionado con la medicina, Cama 36 (1953) y Volvió la paz (1954). Continuó con En la tierra ardiente (1954), con el que ganó el Premio Oltra, hasta que llega Guanche, su primera obra literaria con la mirada puesta en el archipiélago que lo vio nacer, y con la que consiguió el Premio Pérez Galdós en 1957.

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En Guanche, Nácher consigue describir el carácter isleño y su psicología, en una tierra que hace setenta años era bien distinta, todo determinado por el contexto social de la época: las Islas canarias del franquismo, la falta de educación, el caciquismo, los contrastes de clase, la incipiente llegada de turistas, hacen posible un universo al que  el autor consigue arrastrarnos a través de una magistral desarrollo de la descripción, tanto de  belleza del paisaje como de otros elementos de nuestra identidad, como  la plasticidad de nuestro deporte vernáculo, la lucha canaria,  y su nobleza.

Fig. 1: Cubierta y camisa con mención de premio de la primera edición de Guanche (1957).
Barcelona: Destino (Col. Áncora y Delfín, 136).

Guanche nos cuenta la historia de Felipillo, niño que desde muy pequeño sufre el fatalismo de la muerte de su padre por ahogamiento, y la terrible decisión de su madre, Candelaria, de casarse con Miguel Martín, un señor adinerado, viudo y muy mayor, a pesar de lo desagradable que le resulta su presencia. A lo largo de toda la historia, Nácher nos va mostrando unas extensas descripciones del paisaje de la isla, y también de la mentalidad de sus habitantes, de tal manera que se va resolviendo mediante diferentes tensiones una suerte de alegato y descripción del inconsciente colectivo del isleño.

El carácter de Felipillo, y seguramente el de su padre, que fallece en un trágico accidente en el primer capítulo, parecen responder al mito del buen salvaje, concepto desarrollado en el XVIII por Rousseau, que muestra cómo el estado natural en el que es criado en el pueblo de El Pagador es determinante en la forja de su personalidad, que podríamos vincular con el título de la obra. Felipillo se cría salvaje y libre, pero preso de unas connotaciones psicológicas que van a ir marcando el devenir y las tensiones en las que él aparece como inductor y en las que siempre prevalece su bondad: cuando se enfrenta a Santiago porque no acepta el matrimonio de su madre, y al final de la obra, cuando tira el cuchillo, después de llevarlo todo el camino en la mano en busca de Pino, pensando que ha sido retenida en Moya.

Nácher nos plantea diferentes tensiones, como la línea entre lo digno y lo indigno, en relación con el dinero. Felipillo hace unas piruetas en el mar, siendo observado con admiración por algunos turistas. Estos le tiran unas monedas, y Felipillo las rechaza devolviendo esas monedas con ira. Le produce rechazo esa imagen de superioridad pero, sin embargo, en la magnífica descripción de la escena de las virtudes de la lucha canaria, el mismo Felipillo, que es una de las promesas de este deporte vernáculo, admite con honor ese dinero después de derrotar a su adversario. Podríamos deducir que la fuerza de la identidad isleña, plasmada a través de nuestro deporte vernáculo, es abrazada mientras el dinero que cae de manos del turismo le produce rechazo por indigno.

Otro aspecto entre lo digno y lo indigno, ya no en relación con el dinero sino al valor, en la valentía que tiene Felipillo, afrontando siempre sus situaciones, frente a la cobardía que ofrece en este caso los dos antagonistas de la obra: Miguel Martín, el cacique que preso de su soledad y sus deseos ofrece seguridad y matrimonio a Candelaria, madre de Felipillo, a raíz de quedar viuda. Y también Salvadorito, su hijo, que muere al final preso del miedo, y que pretendía hacer lo mismo con Pino, la pretendienta de Felipillo.

Lo cierto es que Nácher va hilando tensiones en los distintos personajes que van surgiendo en la obra: la vida y la muerte. Aparece esta situación cuando Felipe Santana, padre de Felipillo, fallece trágicamente y su pareja recibe la noticia con su hijo en sus brazos; la bondad y la maldad. La mirada de Felipillo, en la que prevalece la bondad a pesar de sus conflictos, frente a la maldad de Miguel Martín, Salvadorito, Porfirio, Saturninito, e incluso Nicolás Ramírez, que hace negocios con el casamiento de Pino Doreste; lo joven y lo viejo, la fuerza de la juventud expresada en el ánimo de Felipillo y sus amigos, frente al inmovilismo del resto de los personajes: desde Santiago hasta Salvadorito; el campo y la ciudad: la belleza de la descripción del paisaje rural de El Pagador…

Desde Moya, situada en las alturas de la costa norte, se desciende al mar por el endiablado zigzag de una estrecha carretera. Y a medida que se baja van surgiendo a los lados los estanques de agua rojiza, los platanares escalonados en las laderas, la caña dulce, los abismos de piedra y, más lejos, entre la montaña y el mar, una estrecha franja de tierra llana ocupada por el verde mate de los platanares.
Allí está el Pagador. Un pago más de los muchos que salpican con sus casas bajas las montañas de Moya. Casas sin tejas. Llanas. Con cenefas de colores que limitan las ventanas y los ángulos. Son parte de la simple arquitectura de la isla. Sencilla y que al contemplarla causa una grata sensación de paz y silencio (p. 16).

… con las descripciones de una emergente ciudad de las Palmas de Gran Canaria en aquellos años, finales de los años veinte del siglo pasado:

Las Palmas es una tranquila ciudad de casas bajas y calles limpias y bien trazadas, que ocupa una larga franja costera del ángulo nororiental de la isla. Sobre el caserío rectangular, listado con cenefas de color, como plantadas en la planicie de las azoteas, se alzan las dos torres de piedra negra de la catedral.
En el extremo norte de la ciudad existe un promontorio pelado que se adentra en el mar y se une a tierra por el estrecho istmo donde se asienta la capital. Es la Isleta. A un lado del istmo, hacia poniente, se halla la ensenada rocosa de las Canteras y, hacia levante, el Puerto de la Luz, cerrado por una larga escollera que se adentra algún kilómetro en el mar…. (p. 70).

Es inevitable recordar el ensayo de Pedro García Cabrera, “El hombre en función del paisaje” (1930 [2005]) aquella teoría de que no se puede lograr una literatura canaria auténtica sin “la mirada integral para nuestro paisaje». Lo reclamaba García Cabrera por no encontrarlo en siglos anteriores, elemento que debía ser esencial como signo de identidad. Este pensamiento que tuvo seguimiento en autores canarios del siglo XX lo utiliza Nácher en sus magníficas descripciones del paisaje, tanto rural como urbano. Pero, además, también encontramos elementos identitarios como la magnífica descripción del deporte vernáculo, la lucha canaria.

Es la lucha canaria un deporte tan viejo como la misma historia de las islas. Sólo en ellas se conoce, practica y apasiona. Hombres de toda condición, acuden desde los pagos lejanos hasta el Campo de España los días de luchada, para ver al muchacho que siguen con su ilusión. Es uno de ellos. El más fuerte. El Pollo. Pasará lo que pase sobre la arena, pero de todos modos, será ésta una tarde intensa para los seguidores.
Esta clase de lucha constituye el esfuerzo limpio de dos hombres. La saña no está en los que luchan sobre la arena, está en los que discuten en torno a la pista y seguirán discutiendo en el apartado pago hasta que el tiempo haga recuerdo de lo que se discutió en su día.

Es precisamente la lucha canaria uno de los símbolos de “Guanche”. A través de ella proyecta los conflictos que se van sucediendo. Otro de los símbolos es el bastón, “un bastón cubano” que llevan tanto Miguel Ramírez como su hijo Salvadorito, que proyectan el poder. La gordura, como signo de embrutecimiento. Por último, el cuchillo, elemento que simboliza el conflicto

Los personajes de Guanche llevan la derrota en las venas. La psicología de los personajes y su lenguaje muestran a una sociedad que parece ser perseguida por el miedo. La escena de Santiago Brito y Eulogio Santana que, sin conocerse, se retan solo con miradas desafiantes y acaban en una dura pelea hasta que uno de los dos resulta ganador; las acciones de Salvadorito en toda la obra, así como de su padre: una maldad que proviene de un miedo atroz. Este duro retrato que Nácher nos muestra pone el punto sobre la debilidad de una sociedad que aún vivía determinada por un contexto que le asfixiaba. Las escenas de la muerte de Felipe, la de las monedas de los turistas y la del negocio por Pino por el casamiento que arreglan Salvadorito y el tutor de aquella, don Nicolás Ramírez, muestran unos retazos de dura crítica social.

En cuanto al estilo, se trata sin duda de un realismo al modo tradicional, presentando los requisitos establecidos en el relato. Estamos en los años 50 del siglo pasado. A pesar de que estamos ante una tendencia literaria distinta, se aprecia una fuerte influencia de autores paisanos propios del realismo literario: el grancanario Benito Pérez Galdós y el valenciano Vicente Blasco Ibáñez.

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Varios años más tarde de publicar Guanche, hacia 1960, Enrique Nácher vuelve a escribir un libro cuyo espacio son las Islas Canarias: en este caso, el sur de Fuerteventura. Nuestro autor se atreve con un ejercicio similar, y desde el principio, no deja lugar a la duda de que se encuentra en un espacio mágico, en los confines de las metrópolis continentales, pero en un lugar que puede ser más amplio que otros espacios donde caben estados enteros. Y en ese marco prepara una historia en la que confronta el carácter del isleño con el foráneo que vive en la isla, e incluso con el recién llegado desde miles de kilómetros de distancia.

Cerco de arena trata sobre una maestra que viene a ejercer a Morro Jable. De hecho, su protagonista, Doña Pilar, una joven proveniente de Zaragoza, dispuesta a ejercer su magisterio. Nácher nuevamente logra mostrarnos un cuadro de costumbres de la gente del Sur de Fuerteventura, sus problemas y principales obsesiones, y en el que encuentra, a través de sus descripciones en la que la isla es un cerco de arena donde viven sus habitantes.

Fig. 2: Cubierta de la primera edición de Cerco de Arena (1961).
Barcelona: Luis de Caralt Col Gigante.

Aparecen también tres personajes: el alemán Otto Kleber, el propietario de esas tierras y una de las fuerzas vivas de esa sociedad; don Cleto, joven cura de Morro Jable y don Benigno, su alcalde

…Pilar sonreía y la suya era una risa sincera: “Lueguito no le deja dir”. Pudiera tal vez existir un raro encanto ese modo de hablar. Pero no era fácil comprender ahora lo de la buena tierra. Ocres redondos apenas cubiertos de retamas ralas, definían un paisaje de colinas elevándose más allá de la hilera de casitas bajas y de tejados planos. Tal vez le recordaba la singular arquitectura, alguna lámina en la que se reproducían las poblaciones del Norte de África… (p. 20).

Como comentó nuestro recordado Profesor Ernesto Gil López, en su trabajo “Reflexiones sobre Cerco de Arena, una novela majorera de Enrique Nácher”, es una obra que “no solo no merece pasar desapercibida, sino que se trata de un relato que, considerándolo en lo que vale, podría ser considerada la novela más representativa de Fuerteventura” (2021 [2018]).

Como ocurre en Guanche, Nácher va estableciendo una serie de asociaciones en los personajes: la imagen de la recién llegada es observada por otras chicas con las que ellas pretenden aprender en sus modales: tanto Agustinita como Mariquilla se fijan en una mezcla de envidia y admiración. Son chicas que pretenden seguir siendo referentes entre las suyas, en una sociedad carente de hombres jóvenes: estamos en plena época de la inmigración, no solo en Canarias sino en toda España. El sueño por progresar hizo que muchos abandonaran su casa dejando a la isla sin esa presencia de juventud.

Por otra parte, hay varios sucesos en la Fuerteventura de esa época que el autor aprovecha para situarlas dentro de los hechos que narra: la plaga de langostas que azotó a Fuerteventura y al resto de las Islas Canarias, que provocó numerosísimas pérdidas agrícolas en un sector que era capital en aquel entonces. Tanto en esa situación como en las fuertes lluvias que asolan la zona, provoca una ola de ayudas y solidaridad en los vecinos, siempre dirigidos por Kleber.

En medio de todo ello, sobresalen también las dificultades de Pilar para llevar el magisterio. El enfado de la maestra contra la actitud de algunos de sus alumnos provoca una reflexión entre la comunidad educativa, conscientes de la importancia del papel de la escuela. Y por ahí se adivinan las intenciones de Nácher. En Cerco de arena trató el problema del magisterio. “Pretendí atraer la curiosidad y las miradas de la gente. hacia ese estamento social, tan necesario y tan injustamente tratado en nuestro país”.

Enrique Nácher, aunque empezó a escribir en una etapa más madura, una vez terminados sus estudios y mientras desarrollaba su profesión como médico traumatólogo, tuvo una producción literaria larga e interesante. Aunque gran parte de sus novelas están ambientadas en Valencia, ciudad en la que pasó la mayor parte de su vida, y en distintos lugares de la geografía peninsular, escribió estas dos novelas canarias, Guanche, con la ganó el premio «Pérez Galdós” y Cerco de arena, la que considera su novela más completa, y en la que mostró una preocupación social, como en todas sus novelas. Otras obras que escribió posteriormente a estas dos novelas con sello canario son Desde el primate aullador hasta el cerebro sapiens (1972), El mono vestido (1975) y El éxito (1979).

Bibliografía

GARCÍA CABRERA, Pedro (1930): «El hombre en función del paisaje», en Pedro García Cabrera (2005): Obra Selecta, edición de Nilo Palenzuela y Rafael Fernández Hernández, tomo III, Madrid: Verbum, pp. 18-19.

GIL LÓPEZ, Ernesto (2018): «Reflexiones sobre Cerco de Arena, una novela majorera de Enrique Nácher», en VVAA (2021):  XVI Jornadas de estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, Puerto del Rosario: Archivo General Insular Cabildo de Fuerteventura / Cabildo de Lanzarote, pp. 13-36. 

NÁCHER, Enrique (1957): Guanche, Barcelona: Destino (Col. Áncora y Delfín, 136).

NÁCHER, Enrique (1961): Cerco de arena, Barcelona: Luis de Caralt (Col. Gigante).

NÁCHER, Enrique (1999): Guanche, Santa Cruz de Tenerife: Centro de la Cultura Popular Canaria.

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