En junio de 2024 se cumplió el centenario de la publicación de la primera traducción al inglés de un poema de Tomás Morales. Esta traducción se encuentra en el tercer número, volumen uno de 1924, del Bulletin of Hispanic Studies (Revista de Estudios Hispánicos) de la Universidad de Liverpool, y fue realizada por la poeta inglesa L. Ann Cunnington.
La Revista de Estudios Hispánicos de la Universidad de Liverpool comenzó a editarse en 1923, liderada por el importante hispanista Edgar Allison Peers, quien fundaría una década después el Instituto de Estudios Hispánicos en esa misma Universidad, lo que confirmaría así el crecimiento del estudio del español en el mundo universitario británico en el primer tercio del siglo XX.
Ya en 1916 se había creado la Cátedra Cervantes en el King’s College de Londres, y durante las siguientes dos décadas se crearán tres cátedras más y numerosas lectorías, entre las que destaca en 1921 la del también escritor canario Claudio de la Torre, en Cambridge (el primer lector de la generación del 27, quien depositó un ejemplar de Las Rosas de Hércules en la biblioteca de dicha Universidad), por lo que la enseñanza del español en la mayoría de las universidades británicas fue estableciéndose paulatinamente.
Del mismo modo, empezaron a editarse publicaciones universitarias sobre nuestro idioma, teniendo un claro ejemplo en esta revista de la Universidad de Liverpool, que en 2023 celebró su centenario («The Bulletin of Hispanic Studies Centenary Papers», Bulletin of Hispanic Studies, vol. 101, n.º 7, 24 July 2024) y que se ha convertido en la revista británica sobre estudios hispánicos más importante y una de las más reconocidas mundialmente en el campo de la investigación sobre el español.
La traducción del poema de Morales se convierte en la primera de un poeta de habla hispana en esta publicación. Artículos y semblanzas sobre Unamuno, Baroja y Benavente entre otros, aparecen en el primer y segundo número, pero es en este tercer número donde aparece la primera traducción de un poema del escritor canario.
La poeta L. Ann Cunnington, como adelantamos, es quien realiza esta traducción, aunque más bien debamos hablar de transcreación. Cunnington es una poeta viajera, como podemos apreciar en otros artículos en la misma revista en la que publica textos sobre su paso por España tras volver de Estados Unidos a Gran Bretaña y descubrimos su dominio del español. En uno de esos viajes, posiblemente, se hizo con algún ejemplar de Las Rosas de Hércules, Libro II, publicado en Madrid en 1919. Cunnington publicó cuatro libros de poesía para la editorial londinense De La More Press, pero fue más conocida por la composición de letras para canciones populares inglesas.
El texto traducido es el primero de Los «Poemas del Mar», que la autora titulará The Grand Canary (el nombre con el que se refieren a la isla de Gran Canaria los ingleses). Curiosamente, entre los versos de otro de los poemas de Morales, «La Calle de Triana», podemos ver cómo el mismo autor utiliza la expresión «Grand Canary» para, de alguna manera, afirmar cómo la isla y sobre todo Las Palmas de Gran Canaria se había convertido en una colonia británica «extraoficial», de ahí que haga uso de expresiones inglesas: «y es el english spoken de rigor», «y el Bank of British, de especial recuerdo» (en el que trabajaba su compañero Alonso Quesada), «y la miss, que al descenso del tranvía», para terminar el poema con la referencia a la isla antes mencionada:
Grand Canary… La gente ya comprende;
y, bajo un cielo azul y nacional,
John Bull, vestido de bazar, extiende
su colonización extraoficial.
El inicio del poema original comienza con un verso atronador: «Puerto de Gran Canaria sobre el sonoro Atlántico», mientras en la traducción, Cunnington alarga el principio hasta el segundo verso, escondiendo, en cierta manera, al Puerto, que presenta como a un rey, o reina más bien (Queening), tal vez en relación con la emoción de la traductora, que se sienta sobre las olas del sonoro y majestuoso Atlántico. Los «faroles rojos» y el «disco de la luna» la poeta los convierte resepctivamente en «joyas» y «corona» bajo «la gran bóveda del cielo». Un inicio imperial, como buena británica, que otorga al puerto de Gran Canaria el cetro del océano que separa y une al viejo y al nuevo mundo.
Queening it over the waves of the sounding, majestic Atlantic
Sitteh the port of Canary, the Grand; like beautiful jewels
Red her harbour lights gleam athwart the grey of the evening;
Crowned as she is with the Moon under the high vault of Heaven,
(Traducción de L. Ann Cunnington)
La transcreación es la traducción libre de un poema y en este comienzo vemos cómo la poeta, tras leer el texto de Morales, escribe una versión ligeramente diferente. La manera en la que entrona al Puerto de Gran Canaria, incluso nos hace suponer que ella misma lo pudo ver y sentir en ese viaje de regreso de América, y que ese sentimiento compartido entre ambos poetas haya quedado plasmado en la traducción.
Otra muestra de su transcreación es que Cunnington no divide el poema en dos cuartetos y dos tercetos, como en el poema original, sino que lo traduce casi como una pieza entera, seguida, sin estrofas, en la que se pierde uno de los versos y en lugar de los catorce del soneto, la traducción se conforma por trece versos. La estructura no es importante: la autora no quiere los 14 versos del soneto, ni hacer una traducción exacta al original; quiere darle su propia emoción y su propia forma, su cuerpo y su alma. Identificarse y hacerlo suyo.
Tras el inicio destaca el uso que hace de algunas figuras retóricas. La aliteración aparece para que sea el silencio quien reine sobre los muelles en un atardecer de neblina («Silence reigns over the quays in the sultry mist of the twilight»). Un silencio que reina en el puerto que reina en el Atlántico. Los siguientes dos versos comienzan con la anáfora («slowly…slowly»), despacio, despacio, y con una estructura similar que hace mirar con los ojos de la imaginación en un momento el golpeo de los remos en la distancia y al siguiente verso recorrer la distancia hasta escuchar el salpicar del agua en el rompeolas. La traducción recrea ese momento silencioso, de paz y tranquilidad de un mar en calma.
Silence reigns over the quays in the sultry mist of the twilight;
Slowly the rhythm of oars from a half-hidden distance;
Slowly the green waters splash, licking the stones of the sea-wall:
(Traducción de L. Ann Cunnington)
Dijimos al principio que Cunnington era sobre todo conocida por su creación de letras para canciones. Esa actividad musical la vemos reflejada en su traducción del poema de Morales, que nos hace sentir posiblemente algún juego de sinestesia que con los sonidos consigue deslumbrarnos visualmente a través del oído. Tras los lentos y distintos ritmos onomatopéyicos de chapoteo de remos en el agua y del agua en las piedras, los inicios de los dos siguientes versos nos hacen saltar para despertarnos. («Braids of phosporic») así comienza el primer terceto de Morales (que se corresponde con el noveno de Cunnington), en el que recorremos la misma distancia anterior, antes con los sonidos y ahora con la vista, esta vez de manera serpenteada y deslumbrante con la brillante contemplación de los reflejos culminado en un gran oxímoron («luminous darkness»), la oscuridad luminosa. Estos reflejos, arrojados, del siguiente verso («thrown»), relampagueantes, se anclan y se calman con ese baile de sonidos con los que la poeta juega con nuestros sentidos para dar paso al cierre del poema. Si leemos los versos del poema original, Morales nos lleva hacia una atmósfera más oscura, mortecina, donde las luces de los barcos fingen esa luminosidad, que Cunnington nos resalta, pero que el poeta moyense las hace mezclarse con la muerte del mar en la bahía. De esta manera, el último terceto del poema original nos sorprende aún más, casi trayéndonos de vuelta a la vida. Gran diferencia entre ambos poetas que da resultados distintos en la traducción. Mucho más luminosa y explosiva la británica, mucho más simbólica en Morales.
Braids of phosphoric tresses shine through the luminous darkness
Thrown by the anchored vessels across the reflecting surface(Traducción de L. Ann Cunnington)
Y de pronto, como reza el comienzo de ese último terceto en el poema original, cuya traducción coincide, otra aliteración que rompe el mismo silencio («suddenly, breaking the silence»), avisa de que ahí llega, al igual que el poema original rasga, como una serenata el más famoso cantar marinero de la poesía canaria, al que ni hace falta ponerle letra. En este caso, la autora vierte su tristeza en la copa de la noche. Traduzco «draught» como bocanada, aunque también significa barril de cerveza, dándole al poema un final de bar o pub posterior en el que podríamos imaginar al marinero tras llegar a tierra, y convertirse quizás en personaje de algún otro poema de Las Rosas de Hércules. Unos de los finales más inolvidables en la poesía de Tomás Morales, y que toda persona canaria recuerda cuando piensa en el mar si se encuentra lejos de su tierra, con una palabra que sólo se entendería en las orillas de esas bahías atlánticas.
Suddenly, breaking the silence, there comes like a serenade,
Doleful, monotonous, slow, the song of a home-coming sailor,
Pouring into Night’s cup a draught of mysterious sadness.
(Traducción de L. Ann Cunnington)
Una traducción que parece un poema distinto, una transcreación, como hemos dicho, en la que vemos la mano de una poeta británica viajera que posiblemente desconociera algunos de los vocablos utilizados por Morales, como ese «deje marinero», pero que tal vez compatiera la visión de ese puerto de Gran Canaria. La primera traducción de un poema en español en una de las más prestigiosas revistas de la época sobre el español en Reino Unido, que tiene como representante poético a nuestro Tomás Morales con uno de sus poemas marinos y ciudadanos más emblemáticos: «Puerto de Gran Canaria sobre el sonoro Atlántico – Queening it over the waves of the sounding, majestic Atlantic / sitteh the port of Canary, the Grand».
La versión de L. Ann Cunnington
| The Grand Canary(From the Spanish of Tomás Morales) Queening it over the waves of the sounding, majestic AtlanticSitteh the port of Canary, the Grand; like beautiful jewelsRed her harbour lights gleam athwart the grey of the evening;Crowned as she is with the Moon under the high vault of Heaven,Making her golden ingots to shine through the motionless waters.Silence reigns over the quays in the sultry mist of the twilight;Slowly the rhythm of oars from a half-hidden distance;Slowly the green waters splash, licking the stones of the sea-wall:Braids of phosphoric tresses shine through the luminous darknessThrown by the anchored vessels across the reflecting surface.Suddenly, breaking the silence, there comes like a serenade, Doleful, monotonous, slow, the song of a home-coming sailor, Pouring into Night’s cup a draught of mysterious sadness. |
[Traducción del autor]
Reinando sobre las olas del sonoro, majestuoso Atlántico
Se sienta el puerto de Gran Canaria; como bellas joyas
Sus rojas luces destellan contra el gris de la tarde;
Coronado con la luna bajo la gran bóveda del cielo,
Haciendo brillar sus lingotes dorados a través de sus inmóviles aguas.
El silencio reina sobre los muelles en la neblina bochornosa del crepúsculo;
Despacio, el ritmo de los remos se acerca desde una medio oculta distancia;
Despacio, las verdes aguas salpican las piedras del rompeolas;
Trenzas de fosfóricos mechones brillan a través de la oscuridad luminosa
Arrojadas por los anclados navíos sobre la superficie reflectante.
De repente, rompiendo el silencio, ahí viene como una serenata,
triste, monótona, lenta, la canción de un marinero de regreso,
derramando en la copa de la noche una bocanada de misteriosa tristeza.
[Poema original de Tomás Morales]
Puerto de Gran Canaria sobre el sonoro Atlántico,
con sus faroles rojos en la noche calina,
y el disco de la luna bajo el azul romántico
rielando en la movible serenidad marina…
Silencio de los muelles en la paz bochornosa,
lento compás de remos en el confín perdido,
y el leve chapoteo del agua verdinosa
lamiendo los sillares del malecón dormido…
Fingen, en la penumbra, fosfóricos trenzados
las mortecinas luces de los barcos anclados,
brillando entre las ondas muertas de la bahía…
Y de pronto, rasgando la calma, sosegado,
un cantar marinero, monótono y cansado,
vierte en la noche el dejo de su melancolía.