Cuatro son los libros que no pueden faltar en el estudio científico de las diversas modalidades (castellano, andaluz, canario y español de América) de la lengua española. A saber, las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, del colombiano Rufino José Cuervo, El dialecto leonés, del español Ramón Menéndez Pidal, las Notas de morfología dialectal, del venezolano Ángel Rosenblat, y El habla de Los Silos, del canario Antonio Lorenzo Ramos. Respecto de las excelencias de los tres primeros, no es necesario decir nada, porque se encuentran recogidas en cualquier obra más o menos documentada de Dialectología hispánica. De las del último, sí, porque, como todo lo que se hace en Canarias, ha sido sistemáticamente ninguneado por la Lingüística oficial española. Y, a pesar de ello, es El habla de Los Silos un libro de gran importancia para el conocimiento de la diversidad del español, por su finura analítica y porque fue pionero en muchos de los aspectos de los estudios modernos de las hablas locales.

En primer lugar, es importante porque pone en evidencia que los dialectos no constituyen lenguas distintas, sino manifestaciones geográficas de lenguas. “El sistema vocálico (que se emplea en Los Silos) –nos dice el autor– es el sistema de cinco vocales del castellano, pero las realizaciones concretas no siempre coinciden con las de las vocales castellanas”. En segundo lugar, es importante el libro que comentamos para el estudio de las hablas locales porque fue uno de los primeros en advertir que estas no pueden analizarse como si fueran realidades socialmente homogéneas, sino como realidades más o menos heterogéneas, constituidas por individuos de condición socio-cultural diversa. De ahí la distinción sistemática que hace el autor entre el nivel popular y el nivel medio en el habla que estudia, que usan formas expresivas a veces distintas. Es lo que se comprueba en la primera persona plural del verbo ser, donde los hablantes del nivel popular usan la forma semos y los hablantes del nivel medio, la forma estándar somos. En este sentido, puede decirse que es Antonio Lorenzo pionero en la aplicación de los métodos de la Sociolingüística al estudio de las hablas rurales. En tercer lugar, es importante el libro que comentamos porque nos enseña que las hablas locales no son realidades diacrónicamente monolíticas, sino que presentan estratos históricos más o menos diversos. Así, en el uso de los diminutivos de tratamiento personal, descubre nuestro autor tres registros históricos distintos en el habla de Los Silos: el registro histórico -ito, que corresponde a los hablantes actuales; el registro histórico -illo, que corresponde a los anteriores; y el registro histórico -ico, que corresponde a la generación más antigua. En cuarto lugar, es importante este libro de Lorenzo porque nos enseña que no existe sinonimia lingüística, ni intra ni interdialectal. Ni siquiera formas tan próximas como el calor y la calor –nos dice Lorenzo– presentan la misma significación en el habla que analiza, pues se comprueba que en ella el calor significa el calor del sol, y la calor, el calor del fuego. En quinto lugar, es importante porque nos enseña que toda función lingüística requiere su propio marcador significante. De ahí que Canarias, donde con tanta frecuencia el complemento nominal ocupa el primer puesto de la frase, no haya podido prescindir de la oposición lo/le para marcar la función de aquel. En sexto lugar, es importante porque enseña que, como las lenguas las hacen los hablantes de forma espontánea, y no las academias de forma planificada, sin encuestas dialectales son imposibles los estudios lingüísticos. Y en séptimo lugar, es importante este manual de dialectología canaria porque en él se nos demuestra fehacientemente que las encuestas dialectales no deben hacerse desde el punto de vista onomasiológico ni pretender que el informante proporcione la definición de las formas que se indagan, como suele ser habitual en la Dialectología más ingenua, sino que hay que dejar hablar a los sujetos que se encuestan, para analizar luego, de acuerdo con el entorno lingüístico y los contextos extralingüísticos, la información que estos hayan proporcionado, reuniendo, clasificando y comparando los hechos para extraer sus leyes. Libro, por tanto, de gran importancia, tanto desde el punto de vista del contenido como desde el punto de vista metodológico. Es una lástima que los profesores de Dialectología hispánica de las universidades españolas e hispanoamericanas no lo hayan tenido en cuenta hasta ahora, o que se hayan limitado a hacerse eco de los pocos aspectos que han extraído de él de forma torticera y sin citar la fuente los filibusteros de la Dialectología canaria, con tanta proyección mediática como ignorancia de nuestra particular forma de usar la lengua española.