Apenas contamos con textos escritos por Alonso Quesada durante el último año de su vida. A pesar de que sus proyectos venían adquiriendo un perfil cada vez más ambicioso, sobre todo tras la publicación de La Umbría a finales de 1922, y que su reconocimiento literario parecía consolidado, su precaria salud comenzó en 1924 un imparable declive. En los meses finales, sus permanentes recaídas no solo le robaban las fuerzas y la concentración para dedicarse a la escritura, sino que ponían en riesgo el sustento económico de su familia.
La última de las crónicas recogidas por Lázaro Santana en el tomo cuarto de sus Obras completas, “Ponte el termómetro”[1]Alonso Quesada, Obra completa, Gobierno de Canarias-Cabildo de Gran Canaria, T4, Gran Canaria, 1986, pp. 434-435., tiene fecha de 17 de diciembre de 1924. Algo posterior es el ciclo “Crónicas optimistas”, artículos exhumados por Antonio Henríquez[2]https://www.bienmesabe.org/noticia/2012/noviembre/cronicas-optimistas-los-ultimos-textos-publicados-por-alonso-quesada-en-la-prensa-de-las-palmas-de-gran-canaria (última visita: septiembre de 2024). que aparecieron en El Liberal entre el 9 de enero (“Prólogo”) y el 27 de febrero (“El hombre de la camisa”) de 1925. Ese mismo periódico anunció el 25 de marzo el abrupto final de su colaboración: “Por haber tenido que dedicar su actividad a otros asuntos el referido amigo [Rafael Romero (Hilario Montes)] se vio obligado desde hace algún tiempo a renunciar [a] la colaboración en este periódico, la cual mantenía desde su fundación”. Por el contenido de una carta de junio a Luis Doreste Silva podemos suponer que, entre esos “otros asuntos” que impedían el envío de más crónicas, figuraba su complicado estado de salud: además de las consecuencias de una prolongada fosfaturia y del padecimiento de graves “trastornos intestinales”, la detección tardía de una piorrea alveolar obligó por esas fechas a extirparle, sin anestesia, casi toda la dentadura.
En el campo de la poesía, aunque Quesada remitió a principios de 1925 Los caminos dispersos al Concurso Nacional de Literatura, y aunque entre febrero y marzo modificó algunos poemas para adaptarlos al gusto del jurado, no debemos olvidar que se trataba de un libro que aglutinaba textos anteriores a esa fecha y que él mismo, en otra carta a Doreste Silva, lo había dado por terminado en otoño del año anterior.
De hecho, es probable que solo la atención a su correspondencia lo mantuviera vinculado con la pluma en el periodo al que nos referimos. De las recibidas en 1925, el Fondo Alonso Quesada conserva catorce envíos, cuyos emisores fueron Pedro Perdomo Acedo (3), Carmen de Burgos (2), Luis Doreste Silva (2), Gabriel (2) y Clemen Miró (1), Ricardo Baeza (1), Emilio Suárez Calimano (1), Máximo José Kahn (1) y Rafael Caro Raggio (1). A todos debió de dirigirles al menos una misiva, aunque solo tenemos conocimiento de las que remitió a Perdomo Acedo y Doreste Silva, recogidas en dos libros[3]Guillermo Hernández Perdomo, Pedro Perdomo Acedo: Trazos y siluetas de Alonso Quesada, Academia Canaria de la Lengua, 2025 y Alonso Quesada-Luis Doreste Silva. Epistolario, ed. Miguel Pérez Alvarado, Las Palmas de Gran Canaria, Ediciones del … Seguir leyendo editados este año. Ambos amigos, que residían entonces en Madrid y París respectivamente, son los destinatarios de las que podrían ser las dos últimas cartas de Alonso Quesada.
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La última que envió a Luis Doreste Silva, reproducida y transcrita a continuación, fue redactada entre mediados de agosto y principios de octubre de 1925. La misiva reproduce prácticamente el mismo contenido que una dirigida a Pedro Perdomo Acedo, en la que también el tono y el temple de la caligrafía son muy similares. Ello permitiría conjeturar que ambas fueron redactadas de forma consecutiva, durante un momento de calma en medio de sus agónicas semanas finales de vida.
Aunque la fecha concreta no aparece consignada en el documento original, su datación puede fijarse atendiendo a varios elementos. Para justificar el año, debemos tomar como referencia la alusión a Europe, que en mayo de 1925 publicó una reseña de La Umbría. No sabemos quién le puso en la pista del ejemplar de la revista, fundada por Romain Rolland, aunque pudo ser Claudio de la Torre, pues en el artículo también se habla de su novela En la vida del señor Alegre. El texto, que aquí reproducimos en la traducción de Daniel Barreto, fue escrito por el hispanista Marcel Carayon y permite valorar la proyección que estaba tomando la obra quesadiana en Francia, espoleada por su inclusión en la antología de la joven poesía española de la revista Intentions en 1924[4]Guillermo Perdomo Hernández, Intentions (1924). Entre la Nueva Literatura y la Generación del 27, Las Palmas de Gran Canaria, Mercurio Editorial, 2024..
En todo caso, la carta es bastante posterior al mes de mayo, ya que la alusión al “alto rincón” de la isla permite suponer que Quesada ya se encontraba en Santa Brígida en el momento de escribirla. En el entorno de la actual plaza Doña Luisa, en la carretera entre Tafira y el casco urbano de aquel municipio, transcurrieron sus últimas semanas. El traslado debió de concretarse avanzado el verano o a principios de otoño, ya que el 4 de agosto El Liberal aún anunciaba su viaje “de temporada a Teror”, probablemente buscando reposo para su maltrecha salud. No hemos encontrado rastro documental que acredite el momento ni los detalles de la decisión de trasladarse a Santa Brígida, más allá de una referencia en la mencionada carta a Perdomo Acedo, en la que Quesada declara haberse mudado (quizás directamente desde Teror) siguiendo órdenes del médico “para fortalecer la terrible debilidad que me dejó el mal de estómago”.
La librería a la que Quesada pide a su amigo que le remita la correspondencia es aquella que regentaba con Manuel Valle y Gracia desde octubre de 1923, sita en el número 4 de la calle Obispo Codina.
Aunque Quesada prometa volver a escribir a Doreste una vez recuperado, esta carta es, entre aquellas que se conservan, la última que escribió a su amigo en París. Atendiendo a sus circunstancias personales, podría tratarse también, junto a la que envió a Pedro Perdomo Acedo citada más arriba, de la última que redactara en vida.
En el Fondo Alonso Quesada se conserva la contestación que Luis Doreste Silva escribió a esta carta el 17 de octubre:
[Membrete] EMBAJADA DE ESPAÑA EN PARÍS
Octubre-17–925
Queridísimo Rafael:
Recibí tu carta de las alturas. Me dio contento porque la montaña ha de darte su sanidad y su fuerza (así pido yo a la divinidad para ti). Dime pronto que estás en salud, y en un nuevo florecer físico y espiritual. Hace unos días te mandé la Revista certificada. Con inmensa satisfacción leí los juicios magníficos. No había visto yo ese número. Te felicito de corazón ¡y coincide con mi artículo de la Comoedia! ¿Te dieron un lápiz modestísimo? Lo compré en la estación cuando despedía a mi tío Bernardo. ¡¡El recuerdo!! Recibe mi fraternal abrazo.
Luis No te extrañe sea tan breve. Tengo mucho trabajo. A Rita mi recuerdo, ¡besos a la nena!
Documentos

Biblioteca Insular de Gran Canaria, Cabildo de Gran Canaria
A.
[De Rafael Romero Quesada a Luis Doreste Silva]
[agosto- principios de octubre de 1925]
Queridísimo Luis: Unas líneas. No puedo escribirte más. Estoy metido en un alto rincón de la isla viendo si puedo recuperar la vieja salud. Me he quedado después de la tormenta con una anemia espantosa. Me han prohibido hasta escribir cartas. Por eso quiero escribirte estas palabras que justifiquen mi silencio. Escríbeme tú, de cuando en cuando, (siempre a la librería), que yo cuando el ánimo se disponga bien te escribiré más largo.
Mándame el N.º de Mayo de la revista Europe, que dicen que habla de La Umbría.
Adiós, hermano Luis, un abrazo cariñosísimo de
Rafael



B.
Letras españolas
La joven literatura española nos ofrece actualmente un catálogo rico y diverso de poetas y ensayistas. Podemos empezar a familiarizarnos con los nombres de sus principales representantes consultando el número especial que la revista Intentions les ha dedicado bajo el auspicio de Valéry Larbaud. El joven escritor Marichalar, versado crítico de las letras francesas en la Revista de Occidente, ha presentado a estos poetas y ensayistas en una introducción en la que la camaradería no ha oscurecido en absoluto la lucidez de su mirada.
Frente a las promesas todavía en ciernes de este grupo brillante, ya desde hoy destacan, entre la joven producción española, tres o cuatro obras verdaderamente importantes de prosa narrativa y dramático-lírica. Sus autores son Alonso Quesada, Huberto Pérez de la Ossa y Claudio de la Torre.
Alonso Quesada ha escrito, a mi juicio, la más incontestable obra maestra de la reciente literatura española, la primera obra maestra de su generación. Se trata del poema dramático en prosa titulado La Umbría (1922).
Las más trágicas obras de Maeterlinck sobre la Muerte, en las que se muere de tuberculosis hereditaria, no tienen ni la intensidad ni la riqueza dolorosas de este drama familiar cuyo escenario se sitúa en un lúgubre lugar de las Islas Canarias (patria del autor). Evocamos la Marcha fúnebre de Chopin en el marco de la Sinfonía pastoral. Y estas analogías musicales no son insignificantes para aquellos que han paladeado el extraño encantamiento del lenguaje dramático del diálogo y del tono descriptivo de las largas y evocadoras indicaciones escénicas de esta obra. Una metafísica algo primitiva superpone cierta rudeza oceánica a la enfermiza sensibilidad de las acotaciones psico-fisiológicas. Un libro que deja ver a un gran poeta, a un observador agudo y lleno de angustia.
Pérez de la Ossa, por su parte, ya ha publicado, tiene menos de treinta años y tras de sí dos novelas en donde aflora un talento precoz para el análisis y la intimidad poética. Hay ciertos tintes de Radiguet en Pérez de la Ossa. El opio del ensueño, novela de humor ácido y espíritu libre, sería su propio Diablo en el cuerpo (una de las dos obras de Radiguet). La Santa Duquesa, apasionada novela psicológica centrada en un marco mundano, sería una especie de Baile de Orgel (la otra novela de Radiguet). Pero se trata de un Radiguet católico, aunque el término se aplica aquí simple y naturalmente, pues en España el término “católico” aún no se ha convertido en una etiqueta literaria.
El opio del ensueño (o también El bosquimano del Prado) aborda un tema que ha seducido con frecuencia a los novelistas principiantes: las desventuras de un soñador que renuncia a sus fantasías para aburguesarse y ceder ante la vida. A pesar de algunas escenas ya trilladas, el libro es encantador y robusto, y merece la pena por su brío y su inexperimentada fuerza cómica.
Un aristocratismo inclinado hacia el esnobismo y un estilo en el que la prosa termina siendo demasiado a menudo verso libre, negligencia de un poeta que debe huir de los recursos fáciles, lastran un poco la lectura de La Santa Duquesa. Sin embargo, el original vigor en la descripción de los caracteres muestra una indudable progresión.
Además de congregar un conjunto rico e incluso demasiado profuso de personajes bien descritos, el personaje de la joven duquesa, santa a su pesar, evoca las cuestiones más inquietantes y fascina en virtud de una cierta poesía lacónica y secretamente patética.
Pérez de la Ossa tiene una imaginación a la vez torrencial y ordenada, una humanidad forjada en lo profundo y mucha inteligencia, características que le auguran un buen porvenir.
En la vida del señor alegre, primera novela de Claudio de la Torre, originario, como Alonso Quesada, de las Islas Canarias, hay un sugerente éxito que, no obstante, se queda a medias, fundado en una idea felizmente hallada: la bajada a los infiernos de un joven inglés novelesco ofuscado por la guerra, en medio de una adormecida sociedad sevillana que solo busca divertirse. Las influencias anglosajonas son notorias en su relato. Tal vez tengamos en Claudio de la Torre un buen novelista de la acción y de la crueldad, como lo fueron, por citar solo parte de su talento, los Tharaud.
La Santa Duquesa y En la vida del señor alegre obtuvieron en 1924 sendos premios literarios otorgados por el Ministerio de Instrucción Pública. El jurado del premio está compuesto por cinco escritores minuciosamente seleccionados. Sin embargo, tan solo uno de ellos, el menos influyente, es académico. ¿No es esto acaso un desavío cuasi oficial a la Real Academia Española, que finalmente no tiene ni valor representativo ni poder real en las letras del país?
Marcel Carayon
[Europe, 15 de mayo de 1925;
traducción de Daniel Barreto]
NOTAS[+]
| ↑1 | Alonso Quesada, Obra completa, Gobierno de Canarias-Cabildo de Gran Canaria, T4, Gran Canaria, 1986, pp. 434-435. |
|---|---|
| ↑2 | https://www.bienmesabe.org/noticia/2012/noviembre/cronicas-optimistas-los-ultimos-textos-publicados-por-alonso-quesada-en-la-prensa-de-las-palmas-de-gran-canaria (última visita: septiembre de 2024). |
| ↑3 | Guillermo Hernández Perdomo, Pedro Perdomo Acedo: Trazos y siluetas de Alonso Quesada, Academia Canaria de la Lengua, 2025 y Alonso Quesada-Luis Doreste Silva. Epistolario, ed. Miguel Pérez Alvarado, Las Palmas de Gran Canaria, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2025. |
| ↑4 | Guillermo Perdomo Hernández, Intentions (1924). Entre la Nueva Literatura y la Generación del 27, Las Palmas de Gran Canaria, Mercurio Editorial, 2024. |